Historia del municipio

Descripción Geográfica de La Malaha

La Malaha está situada a 16 kilómetros de la capital de Granada, en la comarca de Alhama-Temple con una superficie de 25,42 kilómetros cuadrados, altitud media de 709 metros y una temperatura media de 15,7 grados.

Los cerros de “La loma del Carril de D. Fernando” a 200 m. Sobre el pueblo, el de “Montevive” y el de “La Atalaya” a 450 m. Le separan de la Vega de Granada, quedando la villa sepultada en uno de los hoyos más profundos de El Temple”. Además cuatro barrancos rodean el pueblo, tres de ellos los denominados el del “Lobo”, el de “Tejar” y el del “Jaque” por el sureste y el llamado del “Chopo” o “de las Pilas” por el noroeste.

Historia de La Malaha

Los habitantes de La Malaha en la época del Paleolítico estaban asentados en las zonas altas de Montevive, Atalaya y sierra de Escuzar. Su economía se basaba en la caza y en la recolección de frutas silvestres. Se han encontrado hachas pulimentadas, raspadores, piedras trabajadas y sílex en la zona de Casa Colorada, Gualejas y Los Chiniles.

Con el conocimiento del cultivo de la tierra y la cría de ganado, comienza en el Neolítico el asentamiento en poblados, organizándose jerárquicamente y especializándose en ciertas tareas. Se trabajan los metales y aparece la cerámica. En La Malaha se han encontrado moldes para hacer bronce y otros utensilios en la Atalaya, así como en la zona de Los Baños, Casas Nuevas y Pingürucho.

Los griegos colonizaron esta población bautizándolo con el nombre de Malka, que quiere decir Valle Templado. Les siguieron los cartagineses, que gracias a las propiedades minero-medicinales de las aguas termales, dio lugar al asentamiento en las inmediaciones de las aguas, formando una pequeña población cuyo nombre se ignora.

El ejército romano hizo su entrada por Motril, extendiéndose por todo El Temple, a las órdenes del capitán Niomes, que con 6.000 soldados flecheros derrotó y expulsó a Asdrúbal y a su ejército.

Terminada la guerra de Cartagineses y Romanos, volvió a florecer La Malaha bajo el Gobierno de Niomes, que por esa época contaba con 3.000 vecinos.

Un nieto del capitán Niomes, ilustre caballero romano, viajó a España poco después de la ocupación de la república, para pasar unos días en compañía de su tío. Una vez instalado, decidió quedarse a vivir en La Malaha, y destinar su fortuna a fomentar la cultura y la agricultura en este pueblo, mandando construir más edificios e impulsando el cultivo de las tierras cuyos límites fueron ensanchando los colonos.

Este hecho causó que La Malaha progresara y no se viera afectada por los 200 años de contiendas civiles, motivadas por la anarquía y atropellos cometidos por los ambiciosos jefes de otras provincias romanas.

Habiendo aumentado la población, el nieto de Niomes solicitó la venia del Senado para fundar una colonia en esta villa, la cual fue otorgada, nombrándose cuatro jueces para gobernarla y por presidente a un hijo del senador Eucropio.

Con el gobierno de Octavio Augusto, La Malaha siguió prosperando, hasta que con la muerte del gran Teodosio se produjo la decadencia del imperio, propiciando la entrada de las hordas bárbaras en España.

Suevos, vándalos, silingos, alanos y otras tribus salvajes de Asia y de Europa septentrional, hordas de cazadores y pastores, vinieron sembrando el terror y la desolación por todas partes. Buscaban tierras más productivas y un clima más benigno. Hicieron su entrada en el año 408 y siguientes de nuestra era.

Dos años después hicieron las tribus el reparto de los territorios conquistados, tocando La Malaha a los silingos, que la ocuparon hasta que en el año 419 fueron expulsados por los godos, aliados con los romanos, en una encarnizada guerra.

Una vez elevado a rey de España el jefe godo Eurico, rompiendo su alianza con los imperiales y creando un reino independiente, las cosas tomaron otro rumbo y la tranquilidad pudo recobrarse en toda la nueva monarquía.

En esta época a La Malaha se le conoce con el nombre de Misarza que significa alivio de los dolientes.

La diversidad de creencias religiosas entre católicos y sectarios de Arrio, las ideas de terror que dominaron entre los españoles acerca de los árabes, a quienes consideraban como hordas de bárbaros, motivaron la emigración de innumerables familias, en aquellas regiones cuya poca seguridad o falta de recursos, les impedían hacer frente a los moros, quedándose la población de La Malaha reducida a tan solo ocho vecinos.

En el año 712, los sarracenos se apoderaron de todas nuestras provincias, estando La Malaha situada al paso de los pueblos cuya posición se disputaban con encono los ejércitos godos, y por consiguiente experimentó los efectos de sus desastrosas y repetidas correrías.

Tras la batalla de Guadalete, se adueñaron los moros de España, correspondiendo al caudillo Tariff apoderarse de todas las provincias de Andalucía.

La entrada en Granada de los árabes se hizo de forma pacífica, ya que el Capitán Tariff dio orden de que se tratara con tolerancia a los cristianos que esperaban inofensivos en sus hogares a los africanos.

Tras la invasión los granadinos gozaron de tranquilidad con los gobiernos de Tariff y Abdelaxis, no obstante vivieron el terror a manos del gobernador El Horr. Más tarde con el gobierno de Ambiza volvió la paz. Sucediéndole Abderramán, que acabó de restablecer la paz.

A los pocos años, con la llegada a Andalucía de sirios, Egipcios y otras tribus, ocasionó una guerra civil que logró terminar el Emir Usan Ben dirar, después de la cual, mandó repartir los terrenos, y dio nombres orientales a los pueblos y aldeas, instalándose en Granada y sus inmediaciones muchas familias de Damasco. Es probable que en esta época se le diera a esta villa el nombre Al-Mallaha (año 744), que significa La Salina.

En el año 745 hubo una lucha de varios años entre los damasquinos de Granada y los sirios de Malaga, que concluyó Abderramán segundo.

Conflictos surgidos entre arabes y cristianos provocó la emigración masiva de éstos. Tras esta guerra de ideas religiosas y otra de dinastías entre los partidos omeade y abadice, a finales del siglo X, volvió la paz, impulsándose las ciencias, el comercio y la agricultura. Teniendo gran importancia las salinas de esta villa. Construyéndose en esta época una fortaleza.

Durante el siglo XII, se produjo también varias revueltas, llegándose a consolidarse el país con el reinado de Alhamar, renaciendo las ciencias y la agricultura.

Durante el reinado de Alhamar, se cree que La Malaha tuvo mayor número de vecinos, que se dedicaban a la elaboración de sal, cría de seda y a la agricultura, siendo el término municipal mucho más extenso que ahora.

El reino de los árabes en Granada, que contaba ya con 800 años, fue invadido por Fernando e Isabel, Reyes Católicos, que aprovecharon la decadencia de la corte del rey Boabdil para conseguir la victoria.

Algunos años antes de la entrega de Granada, los cristianos se habían extendido por sus inmediaciones talando campos y destruyendo casas, realizando pequeñas escaramuzas y combates con los moros de la vega. En al-Mallaha, se ocasionó bastantes daños, ya que los cristianos ansiaban la posición de la fábrica de sal, que abastecía a la ciudad y pueblos colindante. Fueron derribadas 300 torres y alquerías en este término municipal.

El rey Fernando y su ejército se ocupaban en las talas y demoliciones de los terrenos por los que iban pasando. Después de la toma del Castillo de Tajarja, el 24 de junio de 1483, mandó trasladar el real a la ribera del río Cacín, y al día siguiente acampó en La Malaha, en el paraje que hoy día conocemos como Cerro del rey, verificando la destrucción de dichos edificios.

Aprovechando Gonzalo Fernández de Córdoba, que el castillo de Alhendín había sido entregado a los Reyes Católicos, se dirigió a La Malaha con algunos caballeros. Aben-Malehe, oída la demanda del Capitán Cristiano y conociendo la pérdida de Alhendín, después de meditarlo, determinó hacer la entrega del pueblo y la fortaleza sin lucha.

Marchó D. Gonzalo a Illora y posteriormente regresó al enterarse de que los moros de Granada tenían proyectado recobrar los castillos de Padul y Alhendín. Entre los caballeros que le acompañaban debemos nombrar a D. Sancho de Castilla que por su valentía se hizo ganador de la amistad y aprecio de D. Gonzalo.

Boabdil mandó al Zegrí, jefe de la tribu que lleva su mismo nombre, para que tomase La Malaha, ocurriendo de esta manera uno de los hechos de armas más interesantes de aquella época que fue recogido por el historiador y escritor Sr. Martínez de la Rosa en su novela histórica Dª Isabel de Solís.

Atacó el Zegrí el castillo de La Malaha que estaba defendido por D. Gonzalo y sus hombres, y comenzaron una gran lucha, en el que no solo se trataba de la toma de Las Malaha, que era un punto bastante importante por su situación estratégica y por sus salinas. Sino que el Zegrí, si atrapaba vivo o muerto a una persona tan importante como D. Gonzalo, sería un gran triunfo militar, e incluso podría canjear al Gran Capitán por los hijos de Boabdil que estaban como rehenes de los Reyes Católicos.

Tras varios días de lucha sin que flaquearan ninguno de los dos bandos, mandó decir D. Gonzalo al Zegrí que si tanto ansiaba su persona, no debían de seguir causando muerte y destrucción a sus hombres y lo retó a la lucha en el campo a la hora y con las armas que el Zegrí escogiese.

A la mañana siguiente acudieron ambos al encuentro con algunos jinetes de su confianza. Dejaron cada uno a los suyos a muy corta distancia, se acercaron, se saludaron cortésmente y alejándose luego a media rienda, sobre caballo, sosteniendo escudo y lanza, comenzaron la lucha.

Después de una larga lucha en la que los dos guerreros utilizaron todos sus conocimientos, agilidad y destreza en la batalla, D. Gonzalo, tras alejarse y atacar de súbito arrojando su lanza al Zegrí, quedó ésta clavada en el pecho del caballo, cayendo al suelo y comenzando ambos la lucha en tierra con espadas.

Tras largo rato de lucha, el Zegrí levantó su cimitarra sobre la cabeza del Gran Capitán, aprovechando éste para darle una estacada debajo del brazo, cayéndosele al suelo el alfanje, acudió a recogerlo con gran dolor, pero se le adelantó el mismo Gonzalo diciéndole “Toma, buen caballero, si es que no prefieres más bien estrechar esta mano…” contestándole el Zegrí, “por vencido me doy, y a gloria lo tengo” y cogiendole la diestra se la llevó a los labios.

Ayudó D. Gonzalo a curar las heridas del Zegrí y se juraron amistad estrecha que conservaron fielmente por todo el resto de su vida.

Libre ya La Malaha de enemigos, D. Gonzalo abandonó el pueblo y marchó en socorro del príncipe Abdilehi, en quien el bando de Boabdil quería vengar furioso la alianza que hiciera con el monarca de Castilla.

Debido a que los príncipes Abdiheli y Cid Hiaya celebraron un pacto amistoso con el monarca de Castilla y la anarquía y el desorden se apoderaron de la Corte de Granada, el rey Boabdil resolvió hacer la entrega del reino.

El día 2 de Enero de 1.492, con la firma de los contratos de la Capitulación, Boabdil abandonó Granada. Tres fuertes cañonazos disparados en las torres de su palacio, le anunciaron que debía partir hacia el exilio.

La Malaha pasó a poder de los reyes Católicos, excepto La Salina, que por acuerdo de Las Capitulaciones, pasó a ser propiedad del Príncipe Abdilehi y del rey Boabdil. Posteriormente pasaría a manos de los Reyes católicos en el año 1.495, cuando estos compraron los bienes de Boabdil.